Había una vez un pollo llamado Kevin. No era un pollo común. Kevin tenía sueños: quería volar.
Un día, mirando el ventilador del techo, tuvo una revelación:
—“¡Eso vuela sin alas! Yo también puedo.”
Subió a la mesa con la gracia de una cabra en patines, estiró sus alas (más decorativas que funcionales) y se lanzó… directo al ventilador encendido.
Resultado: Kevin no voló. Pero ahora el ventilador gira raro y todos en la granja creen que está embrujado.
Kevin sigue bien. Moralmente humillado, pero bien.
Moraleja: Si quieres volar, tal vez no imites cosas que están atornilladas al techo.
© 2025 Pica888.com – Todos los derechos reservados. No copies, mejor inventa tus propias tonterías.


Debe estar conectado para enviar un comentario.