LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
Fecha: 28 de abril de 2026
Título: La política no es futbol, m’hijo: El peligro de aplaudir a ciegas
¿Qué onda, mis amigos? Aquí Don Juanito reportándose.
Hoy me encontré en la plaza al hijo de mi vecino, un muchacho con mucha pila, pero que traía el celular a todo volumen escuchando a los que se dicen «revolucionarios» del internet. Estaba muy bravo el joven, diciendo que esa señora Andrade era una «actriz de la oposición» porque se puso a llorar por los desaparecidos.
Me le quedé viendo, le pedí que se sentara un momento y le dije: —Mira, m’hijo, deja te explico algo que a tu edad a veces se olvida con tanto ruido de las redes.
—Don Juanito, es que quieren golpear a nuestra Presidenta —me dijo él, bien convencido.
Y ahí es donde le solté la verdad, así, sin anestesia: —Mira, muchacho, la política no es un equipo de futbol. Si tu equipo de las Chivas o el América juega mal, pues te aguantas la burla y ya. Pero en el gobierno no hay «camisetas» que defender por encima de la gente.
Le expliqué que cuando uno defiende a un político como si fuera un santo, lo que está haciendo es renunciar a su propio poder. Si un comunicador te dice que el llanto de una víctima es «manipulación», te está quitando lo más valioso que tienes: tu humanidad.
—Si tú aplaudes que ignoren a los desaparecidos hoy porque «apoyas el proyecto», mañana, cuando te pase algo a ti y el gobierno te falle, ¿con qué cara vas a gritar? —le pregunté. El muchacho se quedó calladito.
Le dije que la ONU ya nos tiene en la mira porque nos volvimos bien fríos. Si a doña Claudia le exigen justicia, no es para que pierda las encuestas, es para que haga su trabajo. El trabajo de un gobernante es cuidarnos, no que le echemos porras mientras la gente sigue faltando en sus casas.
—M’hijo —le dije dándole una palmada en el hombro—, los políticos van y vienen. Se suben a su silla, cobran su sueldo y luego se jubilan bien tranquilos. Pero las madres que buscan en los cerros, esas no tienen jubilación ni descanso. No permitas que un tipo detrás de un micrófono te enseñe a burlarte de quien sufre. Porque el día que dejes de sentir el dolor ajeno, ese día ya te ganaron, y no fue la oposición, fue tu propia ceguera.
El joven apagó el video, se quedó pensando y me dio la mano. Ojalá más de uno entienda que la lealtad se le debe a la verdad y a la justicia, no a los que viven del aplauso fácil.
¡Ahí nos vemos, raza! No se dejen cuentear.
— Don Juanito