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El Gran Baile de los Ladrillos Vacíos

LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO

El Gran Baile de los Ladrillos Vacíos
Por: Don Juanito
Pachuca de Soto, Hidalgo; 6 de julio de 2026.

Imagínese usted, estimado vecino, que su casa ya no da abasto: los techos gotean, la cocina está hasta el tope y la familia sigue creciendo. Cualquiera con dos dedos de frente pensaría que lo urgente es arreglar la cocina y comprar una mesa más grande. Pero no. En el ISSSTE decidieron que la solución era gastarse los ahorros en construir una bonita sala de estar en el otro extremo de la ciudad, muy pintada y reluciente, pero sin estufa, sin camas y sin platos para servir la comida.

Eso es exactamente lo que nos acaban de recetar con la nueva clínica allá por el Juan C. Doria.

El otro día me di una vuelta por el rumbo. El edificio se ve imponente, no se los voy a negar. Huele a pintura fresca, las ventanas brillan y las autoridades se tomaron la foto con una sonrisa de oreja a oreja presumiendo que ya inauguraron. Nos dicen que esto es parte de un paquete de 241 obras en todo el país. Al oír el número, la gente aplaude, pero los que ya pintamos canas sabemos que cuando el río suena, agua lleva; y en este río lo que flota son puros contratos para las constructoras.

La trampa de la lógica es tan clara que hasta un niño la entiende: abrieron una clínica que es pura consulta. ¿Qué pasa entonces? Que ahora atienden a más gente y más rápido, sí, pero en cuanto el doctor le dice al paciente: “Oiga, usted necesita una operación urgente”, se acaba el encanto. Como en la clínica nueva no hay ni una sola cama para quedarse a dormir ni un quirófano para operar, al enfermo lo suben a la ambulancia y lo mandan de regreso al hospital viejo, al Columba Rivera.

Al final, es el juego de la bolita: movieron la fila de la consulta externa para el Juan C. Doria, pero el embudo de las operaciones y las urgencias en el hospital viejo está más apretado y colapsado que nunca. Se gastaron millones en levantar muros nuevos, cuando el personal que contrataron bien pudo haber atendido en la infraestructura que ya teníamos si se hubiera organizado mejor el gasto.

Dicen las promesas que para finales de este año van a poner las primeras camas. Pero con el gobierno federal endeudado hasta el cuello con más de un billón de pesos, uno ya no sabe si esos recursos van a llegar o si nos van a dejar el cascarón de adorno.

Por eso les digo, mis amigos, que a veces el remedio sale más caro que la enfermedad. Nos venden espejitos de concreto para la foto de la tele, mientras el derechohabiente sigue sufriendo el mismo calvario de siempre cuando las cosas se ponen graves. Ojalá me equivoque, pero mucho me temo que si no meten médicos de verdad, medicinas completas y camas operativas, este gran gasto no habrá servido para maldita la cosa. Nos leemos en la próxima.

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ENTRE LA GLORIA DE UN RATO Y EL SUEÑO QUE NOS PUEDEN ROMPER

LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
ENTRE LA GLORIA DE UN RATO Y EL SUEÑO QUE NOS PUEDEN ROMPER
Por: Don Juanito
Ciudad de México, 1 de julio de 2026


¡Qué tal, mis amigos! Qué relajo se ha armado en las calles y en las redes sociales. Todo el mundo anda con la sonrisota en la cara porque nuestra Selección Mexicana le ganó 2 a 2 a Ecuador y ya estamos en la siguiente ronda. La gente grita, canta y aplaude a Gilberto Mora, el muchacho de apenas 17 años que juega en los Xolos de Tijuana. Dicen que es el nuevo salvador, el héroe, el «niño milagro». Pero espérenme tantito, dejen que se les pase la emoción y vamos a platicar esto con la cabeza fría y usando el puro sentido común, que para eso estamos aquí.


La verdad de las cosas es que el director técnico, Javier el «Vasco» Aguirre, se vio contra la pared. Como el equipo venía jugando muy feo y aburrido en los primeros partidos, y Ecuador se veía fuertísimo, el entrenador se asustó. En lugar de arreglar el juego con los hombres grandes, prefirió meter al niño desde el principio porque sabía que era el único con esa chispa diferente para componer el barco. Fue una apuesta muy brava, como cuando el mánager Tommy Lasorda ponía a lanzar al «Toro» Valenzuela en los años 80 sin dejarlo descansar. Al «Vasco» le importó ganar el partido de hoy, sin ponerse a pensar en lo que le pueda pasar al muchacho mañana.


Y el cuerpo del pobrecito Mora ya cobró la primera factura. Apenas iba el minuto 58 cuando tuvo que salir de la cancha cojeando por culpa de un golpe en la rodilla combinado con el cansancio de jugar tanto. Los reporteros andan diciendo que ya entrenó bien y que está al cien, pero no nos hagamos tontos: a los 17 años, uno todavía es un chamaco que no ha terminado de crecer. Sus huesos y sus ligamentos están tiernitos. Ponerlo a jugar el próximo domingo contra Inglaterra desde el arranque es, con toda franqueza, mandarlo al matadero. Es como poner a un niño de primaria a pelearse a golpes con uno de preparatoria, o como cuando el boxeador «Mantequilla» Nápoles, que era chiquito y muy técnico, se subió a pelear contra Carlos Monzón que era un gigante. Ya sabemos que a «Mantequilla» lo bajaron con la cara rota.


Para colmo de males, la FIFA ahora inventó este Mundial larguísimo de 48 equipos para ganar más dinero. El partido del domingo contra Inglaterra va a ser el quinto juego de México en el torneo, pero con este nuevo formato, si ganamos, ni siquiera pasamos a la ronda buena, todavía nos faltaría más camino. Es un desgaste terrible para las piernas de cualquiera, ¡imagínense para un menor de edad!


Si el «Vasco» Aguirre se vuelve a encandilar y pone al muchacho Mora de titular el domingo, se arriesga a que le rompan la rodilla y que esa gran promesa del fútbol mexicano se quede en puro «pudo haber sido». Los entrenadores de verdad cuidan a sus jugadores jóvenes. Ojalá que la directiva y el cuerpo técnico piensen las cosas con lógica, le pongan un freno de mano al muchacho y lo dejen descansar en la banca. Más vale cuidar el futuro de un niño que quemarlo por la urgencia de ganar un partido.

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El día que se nos aguó la fiesta (y el celular)

EL CHISME DE LA TARDE
Sección: Crónica Urbana y Callejera
Fecha: 5 de julio de 2026
LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
El día que se nos aguó la fiesta (y el celular)
Por: Don Juanito


¡Qué tal, mis queridos marchantes y vecinos del barrio! ¿Cómo les pinta el domingo? Yo aquí sigo, sentado en mi mecedora de mimbre en el porche de la casa, viendo cómo el cielo se está poniendo color panza de burro. Y miren que no es por asustarlos, pero de verdad parece que va a llover.


Al ver esas nubes negras, de inmediato me acordé de mi abuelo, que en paz descanse. El viejo se ponía a silbar esa rola viejísima que cantaba el gran Pedro Infante en las películas de motociclistas: “Parece que va a llover, el cielo se está nublando… ¡ay, mamá, me estoy mojando!”. En aquellos tiempos, la gente se tomaba las cosas con más sabor. Si te agarraba el aguacero en la calle porque habías olvidado el paraguas en el camión, ¡pues ni modo! Te echabas a correr, te refugiabas debajo del techo de una tienda, platicabas con el desconocido de al lado y hasta te reías del patrón que traías en los zapatos.


Pero válgame Dios, ¡cómo han cambiado las cosas hoy en pleno 5 de julio de 2026!


Hace un ratito pasó corriendo el hijo de Doña Cuquita, un muchacho de unos veintidós años. Empezaron a caer tres gotas locas de esas que apenas levantan el polvo, y el muchacho traía una cara de susto que ni les cuento. ¿Creen que le preocupaba enfermarse de la garganta? ¡Para nada! Traía el mentado teléfono celular pegado al pecho, tapándolo con la playera como si fuera un bebé recién nacido. Para los jóvenes de hoy, que les caiga agua encima no es una aventura; es el fin del mundo porque se les echa a perder el aparato donde traen toda su vida, sus videos y su dinero. ¡Qué estrés de juventud!


Platicando el otro día con los muchachos en la esquina, me puse a investigar de dónde salió esa famosa canción del agua. Resulta que la inventó un muchacho llamado Antonio Matas allá por el año 1940. Ese muchacho sí que tenía pantalones. A sus veinticuatro años, cuando las cosas se pusieron feas y violentas en su tierra por rumbos de España, no se quedó a llorar ni a quejarse en una red social. El tipo agarró sus ahorros, cuidó sus centavos en el banco, tomó un barco y se fue solito a empezar desde abajo en La Habana, Cuba, donde nadie lo conocía. ¡Eso es tener coraje! Con puro esfuerzo y tocando un piano eléctrico moderno, se ganó la vida y compuso la canción que hoy todos cantamos.


Hoy veo a los muchachos del barrio y me da un poquito de pena, la verdad. Están metidos en sus pantallas todo el día. Tienen toda la información del mundo a un clic, pero les da pánico salir a buscar la vida de verdad. Si no hay internet, se les acaba el mundo. Si tienen que ir a pedir trabajo en persona, les da amsiedad. Se nos volvieron bien frágiles. Aquella juventud de antes, que no tenía tanta tecnología pero le sobraba valentía, parece una leyenda de esas ciudades que se hundieron en el mar y ya no existen.


Por eso, hoy esa frase de «Parece que va a llover» se oye tan lejana. Ya nadie mira al cielo para adivinar el clima; prefieren revisar la aplicación del teléfono para que una maquinita les diga cuándo sacar el paraguas. Matamos la sorpresa del día a día.


Ya empezó a oler a tierra mojada, mis amigos. Yo por lo pronto voy a meter mis plantas y a tomarme un café bien calientito. A ver si con el agua que va a caer, a nuestra juventud se le quita un poquito lo entumido y recupera algo de ese valor de antes. ¡Córranle, que ahora sí nos vamos a mojar!

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El misterio del «ambiente» que se volvió loco

EL VOCERO DEL PUEBLO
Sección: Historias de la Calle
Domingo, 5 de julio de 2026
LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
Por: Don Juanito
El misterio del «ambiente» que se volvió loco


¿Qué tal, mis amigos? Hoy quiero contarles algo que vi el viernes pasado y que me dejó pensando mucho sobre cómo hablamos y cómo nos confundimos solitos.


Estaba yo sentado en la banca del parque, disfrutando del fresco de la tarde. A unos metros, en la palapa, había un grupo de muchachos celebrando un cumpleaños. Todo era risas, música tranquila y pastel. Un cuadro perfecto. Digamos que ese era el Ambiente Número 1: pura paz y alegría.

De repente, llegó un tipo que claramente andaba de malas. Se metió a la palapa, empezó a gritarle al del cumpleaños por un dinero y, antes de que alguien pudiera calmarlo, tiró las sodas y empujó una mesa. En un abrir y cerrar de ojos, la música se apagó, unos se metieron a pelear y otros corrieron asustados. El pastel terminó en el suelo. Ese caos ya era otra cosa totalmente distinta: el Ambiente Número 2.

Al día siguiente, platicando con la vecina sobre el mitote, me dice muy seria: “Ay, Don Juanito, es que el ambiente se salió de control”.


Yo me quedé callado, pero por dentro pensé: ¿Cómo que el ambiente se salió de control? ¡Si el ambiente no tiene patas para correr ni manos para tirar las mesas!


La verdad de las cosas es muy simple si uno la mira con atención. El primer ambiente, el de la fiesta bonita, se murió en el instante en que ese tipo metió las manos. Y en su lugar, nació un ambiente nuevo lleno de pleito. No es que la fiesta «se volvió loca» solita; fue la acción de una persona de carne y hueso la que destruyó lo que estaba bien y creó el desxadre.


Pero a la gente hoy en día le encanta echarle la culpa a los fantasmas. Es más fácil decir que «las cosas se salieron de control» antes que apuntar con el dedo al verdadero culpable. Nos estamos volviendo bien flojos para pensar. Queremos que el idioma nos dé todo masticadito, como en esa película de WALL-E donde la gente vive flotando en sillas sin mover un solo músculo.


Por ahí escuché en la radio a unos sabios sociólogos diciendo que la gente anda así de confundida porque «hay demasiada información en el internet». ¡Por favor! Eso no tiene nada que ver. En esta vida, cada quien escoge sus batallas y decide a qué ponerle atención. Si usted habla al aventón, es porque quiere, no porque el teléfono celular lo obligue.


Menos mal que no todo el mundo anda dormido. Ayer mismo pasé por el taller de Don Pepe y vi a su nieto, un muchacho de apenas 16 años, bien concentrado soldando unas piezas para un prototipo que está inventando para la escuela. Ese muchacho no está perdiendo el tiempo viendo videos babosos ni hablando con frases hechas. Él, como otros jóvenes que trabajan y crean desde chiquitos, tiene que ver la realidad tal cual es. Si no mide bien el metal, la pieza no dobla. Así de claro.


Esos muchachos son la prueba de que todavía hay gente con los ojos bien abiertos. Serán poquitos, pero son los que de verdad hacen que el mundo camine mientras los demás siguen echándole la culpa al «ambiente».


¡Nos leemos en la próxima crónica, familia!

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El griterío de la pantalla y el silencio del bolsillo

LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
Fecha: 5 de julio de 2026
El griterío de la pantalla y el silencio del bolsillo


El otro día me asomé al teléfono de mi nieto, el más chico, y me mareé de puro ver. En la pantalla salía un señor de saco y corbata que manoteaba con fuerza. Le decía de todo a la presidenta y a medio mundo. Gritaba que todos eran unos mentirosos y unos flojos. Mi nieto estaba picadísimo, moviendo el dedo para ver el siguiente video, donde otra señora, ahora del otro bando, respondía con peores insultos y unas palabrotas que en mis tiempos nos hubieran costado un buen lavado de boca con jabón de pasta.


—Oye, chamaco —le pregunté—, ¿y todo eso que dicen esos señores es de a de veras? ¿Dónde están los papeles que lo prueban?
El muchacho nomás se me quedó viendo como si yo hablara en chino. «Ay, abuelo, pues quién sabe, pero mira cuántos comentarios tiene y cuánta gente lo está viendo en vivo», me contestó, muy campante, antes de seguirle al vicio del celular.


Ahí me cayó el veinte de cómo cambian las cosas. Antes, uno compraba el periódico para enterarse de los hechos: que si subió el precio del jitomate, que si pavimentaron la avenida o si atraparon al pillo que se robaba las vacas. Había que leer con cuidado. Hoy ya nadie quiere batallar buscando la verdad. Es más fácil y más sabroso prender la tele o el internet y escuchar a alguien que hable feo del vecino que nos cae mal. Nos gusta que nos den la razón, aunque no la tengamos, porque el coraje da calorcito en el pecho.


Pero lo más triste es que ese griterío ya no es por amor a la patria, sino por amor a la plata. Esos canales de internet viven de que la gente se enoje. Entre más sombrerazos y mitotes armen, más vistas tienen, y más monedas les caen de la gente que se emociona y les coopera para «la causa». Mientras tanto, las noticias verdaderas, esas que investigan los reporteros que sí gastan suela y revisan las cuentas del gobierno para ver a dónde se van nuestros impuestos, esas ya nadie las lee porque quitan mucho tiempo y no traen chisme.


Nos estamos quedando conformes con puro cuento y pura burla. Nos conformamos con saber quién insultó a quién en la mañana, pero no sabemos por qué no hay medicinas en la clínica o por qué la luz llegó más cara este mes. Al paso que vamos, los que dicen la verdad se van a quedar hablando solos en una esquina, mientras el resto del pueblo se queda viendo el espectáculo de los gritos en la pantalla. Y lo malo es que, cuando el río suena y nos arrastra, de nada va a servir haber tenido el video con más «me gusta» del internet.


Don Juanito

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De compras con el agua al cuello: El manual del paisano prevenido

EL DIARIO DE LA CAPITAL
Sección: Crónica Urbana / Las Crónicas de Don Juanito
Fecha: Sábado 4 de julio de 2026
De compras con el agua al cuello: El manual del paisano prevenido
Por: Don Juanito


¡Qué tal, mis estimados! Viendo que el cielo ya se anda poniendo de ese color gris que a todos nos da mala espina, me calcé mis botas de hule y me fui de volada al mercado y a la tlapalería de la esquina. Porque miren, mañana contra los ingleses el asunto estará color de hormiga, pero contra Tláloc la cosa es de vida o muerte para nuestros zaguanes. Aquí les dejo la crónica de lo que afilé en mi carrito para que no nos agarren tragando camote cuando el drenaje empiece a escupir.


Primero me pasé con Don Chon, el de la tlapalería, y le pedí mis buenos cuatro costales de arena. «Esos van directito a la entrada, Don Juanito, bien formaditos como defensa del América para que no pase ni una gota», me dijo el buen hombre mientras me despachaba un rollo de plástico grueso y una cinta de ducto (de esa gris que todo lo pega). Con eso voy a armar un dique en la puerta que ni el mismísimo río de Tlalpan va a poder brincar. Y por si las dudas, me llevé unos tapones de hule para las coladeras del baño; no vaya a ser que el drenaje se sature y nos quiera salir la sorpresa por donde menos queremos.


Luego corrí al súper a surtir el búnker para el apagón que seguro se viene con los rayos de la noche. Agarré un paquete de pilas alcalinas, una linterna LED que alumbra como faro de puerto y mis buenas velas con cerillos. Eso sí, los cerillos bien guardados en su bolsa Ziploc, porque cerillo mojado no le prende ni a la de tres. Mi batería externa del celular ya la tengo bien conectada a la corriente hoy mismo; mañana no quiero quedarme incomunicado ni sin ver los memes de la corretiza que nos van a dar.


Para cerrar con broche de oro, pasé al pasillo de la comida. Nada de andar inventando platillos ejecutivos: me surtí de latas de atún, frijoles refritos y galletas saladas. Si se nos va la luz o el gas por la tormenta, con la pura lata y un abridor la libramos bien sabroso sin arriesgar al pobre repartidor de moto a que se lo lleve la corriente. Mi garrafón de agua extra ya está en la cocina, por lo que pueda pasar.


Así que ya lo saben, mis paisanos. No dejen para mañana lo que pueden tapar hoy. Vayan por sus chacharas de emergencia, atrinchérense en la sala y que ruede el balón… ¡pero que el agua se quede afuera!

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¡Que Dios nos agarre confesados y bien secos!

EL DIARIO DE LA CAPITAL
Sección: Crónica Urbana / Las Crónicas de Don Juanito
Fecha: Sábado 4 de julio de 2026
¡Que Dios nos agarre confesados y bien secos!
Por: Don Juanito


¡Ay, mi amada y sufrida Ciudad de México! Mañana domingo se nos viene la tormenta perfecta y no hablo cháchara. Por un lado, los sabelotodo de la FIFA se encapricharon y dejaron el partido contra Inglaterra a las seis de la tarde en el Azteca. Nos va a caer el diluvio en pleno juego. Pero miren, que nos acomoden la goleada de nuestra vida es lo de menos; el verdadero dolor de cabeza es que cuando San Pedro abre la llave, a nuestra pobre ciudad le da un infarto.


Ya nos la sabemos de memoria: caen tres gotas y el sur se vuelve una alberca. Las coladeras se tapan por tanta basura, el drenaje se cansa y el agua, en lugar de irse, empieza a brotar para arriba como fuente de kermés. Calzada de Tlalpan se va a convertir en canal de Xochimilco y salir del estadio va a estar más difícil que ganarle a los ingleses.


Por eso, mañana no hay Ángel de la Independencia que valga ni fiesta que celebrar. El verdadero partido se va a jugar en las puertas de nuestras casas. Mientras unos rezan por la Selección, la verdadera oración de nosotros los de a pie va a ser para que el agua no brinque el zaguán, que aguanten los costales de arena y que no se nos vaya la luz a mitad de la noche.


Mañana, la mejor jugada es quedarse quieto en el sillón, atrancar bien la entrada y ver los toros desde la barrera. ¡Mucho ojo, mis paisanos, a cuidar la casa y que el agua no nos llegue a los aparejos!

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El Cerebro de Adorno: La Ilusión del Control en la Era de la IA

(Manual de lógica cruda para entender el México y el mundo de finales de 2025. Libro de bolsillo)

Título: El Cerebro de Adorno: La Ilusión del Control en la Era de la IA

Subtítulo: Por qué la aritmética del poder siempre choca con la realidad física.

Capítulo 1: La Terminal Pasiva

El ser humano ha delegado su juicio a la pantalla. La IA no es una herramienta, es un sustituto del esfuerzo cognitivo. En 2025, el pensamiento crítico es una anomalía; la mayoría prefiere la comodidad de la validación algorítmica sobre la frialdad de la verdad.


Lógica: Si no usas el cerebro para dudar, lo tienes solo para ocupar espacio.

Capítulo 2: Coatlicue Digital y el Espejismo de la Soberanía

El Estado intenta centralizar la vida en una «Llave MX». Se vende como eficiencia, pero es un panóptico con pies de barro. La «soberanía tecnológica» es una utopía: mientras el Pentágono sea hackeable, la base de datos nacional es solo una piñata esperando a ser rota.


Lógica: Centralización absoluta + Vulnerabilidad técnica = Inestabilidad sistémica.

Capítulo 3: El Mercado Negro de la Identidad

El registro de celulares y la CURP biométrica chocan con la realidad del «Tío Richi» y las factureras. Un sistema que acepta datos sucios solo produce basura. Las redes criminales operan con identidades clonadas mientras el ciudadano honesto entrega su libertad por un folio.


Lógica: Un candado digital no sirve de nada si la llave la tiene cualquiera en el mercado negro.

Capítulo 4: El Contrato del Silencio (Pan, Circo y Pensiones)

La 4T madura hacia una «sutileza» técnica. Las pensiones compran el silencio; el Mundial 2026 distrae el hambre. La ciudadanía no es tonta, pero es dependiente. El «humanismo» se convierte en una transacción: te doy subsistencia a cambio de tu autonomía.


Lógica: La necesidad biológica siempre derrota a la libertad ideológica… hasta que el dinero se acaba.

Capítulo 5: El Retorno a lo Analógico

El fax, la máquina de escribir y el pueblo son las nuevas armas de guerrilla. La única forma de no ser controlado es no ser rastreado. El regreso a lo local y lo físico es la única soberanía real que le queda al individuo frente al «Gran Hermano» de Bruselas o de la CDMX.


Lógica: Si la conexión es vigilancia, la desconexión es libertad.

Conclusión: La Rebelión de la Aritmética
La arrogancia del poder cree que puede «patear el bote» indefinidamente, pero la aritmética es una ley universal inmutable. En este cierre de 2025, el diagnóstico es claro: un sistema que elimina contrapesos y se basa en datos falsos está diseñado para el colapso.


Pronóstico: El plan no fallará por la oposición (que ni pinta), sino por su propia ineficiencia interna. Cuando el sistema no pueda garantizar seguridad ni salud, y el dinero de las pensiones sea devorado por la deuda, el «rebaño» despertará. No será por ideología, sino porque, al final del día, la realidad no acepta otros datos.

MANIFIESTO POR LA SOBERANÍA DEL JUICIO

  1. Contra la Atrofia: Rechazamos la comodidad de la validación algorítmica. Tener el cerebro de adorno es entregar la humanidad. Pensar duele, pero es lo único que nos hace libres.
  2. Contra el Espejismo: La centralización de tus datos (biométricos, fiscales, digitales) no es progreso, es un cerco. Si el Estado tiene la llave de tu identidad, tú ya no eres el dueño de tu vida.
  1. Contra el Silencio Transaccional: Una pensión no es una compra de tu conciencia. Recibir lo que por derecho te corresponde no te obliga a aplaudir el colapso de las instituciones ni la falta de seguridad.
  1. Contra la Arrogancia: Ningún poder, por más «sutil» que sea, puede cambiar las leyes de la aritmética. La deuda crece, la inseguridad mata y la mentira digital se desmorona ante la realidad física.

LA INVITACIÓN:
Alza la voz no para pelear con fantasmas, sino para señalar lo obvio. El sistema le teme a la lógica porque la lógica no se puede «hackear» ni sobornar. Recupera tu derecho a dudar, a desconectarte y a ver a México sin el filtro del «pan y circo».


Pronóstico final: Los sistemas construidos sobre la soberbia y la falsedad tienen fecha de caducidad. La realidad física siempre recupera su lugar. Estar despierto cuando eso suceda es nuestra única ventaja.

Es, una invitación a que la gente deje de «chuparse el dedo». Porque en el momento en que un individuo recupera su pensamiento crítico, el control del «Gran Hermano» deja de tener efecto. Es o no es.

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La marea baja, las bolsas vacías y la cubeta sin tapa

EL MONITOR NACIONAL
Sección: Crónica Local / Las Crónicas de Don Juanito
Fecha: 21 de junio de 2026


La marea baja, las bolsas vacías y la cubeta sin tapa

Por: Don Juanito

¡Qué tal, mis estimados! Aquí estamos de nuevo, buscando la sombrita en la plaza porque este calor de mediados de año nomás no da tregua. Pero miren, más caliente que el clima está la plática en la banca. Hoy Doña Lupe llegó temprano con la bolsa del mandado medio vacía y la cara de pocos amigos. «Ay, Juanito», me dijo aventando el monedero, «vengo del súper y esto ya es un insulto. El dinero ya no es dinero, es puro humo».

Don Chencho, que andaba ahí cerca checando las noticias en su teléfono, levantó la cabeza y nos soltó el hilo de lo que veníamos platicando la otra vez: «Es lo que te digo, Lupe. El cangrejo de allá arriba sigue marchando en reversa, bien mareado viendo su propia inmortalidad, pero la arena de la playa se le está hundiendo entre las patas».

Y es que, si uno le rasca tantito a lo que pasa en la calle, se da cuenta de que el rompecabezas del descontento ya se armó completito. La gente en la ruta y en los mercados ya no habla de las promesas de la tele; habla de lo que duele. El gobierno se la pasa diciendo que todo va requetebién, pero las mamás andan con el alma en un hilo por los desaparecidos que la ONU dice que siguen subiendo, los choferes de los camiones de carga ya no quieren salir a las carreteras por los asaltos, y el cobro de piso ya nos lo cargaron a todos en el precio del limón y la tortilla.

Para colmo, el cochinero financiero ya salpicó a los propios trabajadores del Estado. En Pemex, la CFE y el ISSSTE les mocharon los apoyos con el cuento de la austeridad, y luego, para calmar el avispero, les prometieron el doble. Pero las matemáticas son tercas: las dependencias están quebradas y no hay de dónde sacar para cumplirles.

El ejemplo más vivo de este capricho de querer controlarlo todo por las malas es el dichoso Registro de Celulares. Querían asustar a los delincuentes amarrando cada chip a la CURP para el 30 de junio, pero el tiro les salió por la culata. La gente honesta trae un dolorón de cabeza haciendo filas y metiendo amparos en los juzgados, mientras que los malandros compran chips robados en el mercado negro como si fueran dulces. Al final, las cuentas nomás no les salieron; andan diciendo que para el próximo jueves van a tener que dar una prórroga de cuatro meses porque dejar a medio México incomunicado sería un suicidio político en las encuestas, esas donde la presidenta ya cayó por debajo del 50%.

Pero miren el peligro del que nadie habla y que platicábamos con los vecinos: ese retraso de cuatro meses nos va a llevar directito a finales de octubre y principios de noviembre. ¿Y qué pasa en esas fechas? ¡Exacto! Se viene la hora de la verdad en la Cámara de Diputados con el Presupuesto para el 2027.

Ahí es donde el cangrejo va a topar con pared. Con la caja del gobierno bien vacía por los recortes que ya llevan este año, la única salida de Claudia Sheinbaum va a ser pedir una megadeuda todavía más grande que la de antes para poder pagar los programas sociales y los intereses de las deudas viejas. Pero como los bancos del mundo ya nos bajaron la calificación crediticia por gastar como ricos, ese préstamo nos va a salir carísimo. El gobierno se va a endeudar a tasas de usura y esa bola de nieve nos va a traer más inflación y más carestía a los de abajo.

«Lo bueno», me decía Don Chencho mientras le daba un trago a su refresco, «es que el pueblo ya está abriendo los ojos. El sablazo del 16 a 0 allá en Coahuila no fue de a gratis. La gente votó por su seguridad y por sus bolsillos, demostrando que el cheque mensual ya no compra la lealtad eterna cuando la realidad te arrastra».

Lo triste de la plaza es que uno voltea a ver a los partidos de la oposición para ver quién defiende al pueblo y los encuentra bien flacos, flacos, peleándose por las migajas de sus dirigencias. Pero el despertar no va a venir de esos políticos de siempre, sino de la misma gente organizada que ya no se traga los distractores de las mañaneras cuando la panza ruge.

Así las cosas en este México de junio. El cangrejo de arriba sigue fascinado con su mito, pero el suelo ya le está tronando. A ver si el próximo cierre de año no nos agarra a todos pagando los platos rotos de una fiesta a la que ni nos invitaron.

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El día que los agraviados se cansaron de pedir permiso

LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO

Lugar: Desde la trinchera del pueblo
El día que los agraviados se cansaron de pedir permiso
Fecha: 21 de junio de 2026

Imagínese usted que llega a su casa después de una jornada de doce horas parado frente al pizarrón, aguantando el gis, el calor y los gritos de los muchachos. Tiene los pies hinchados y la espalda molida. Se sienta a echar las cuentas para cuando le toque retirarse, y resulta que todo ese esfuerzo de treinta años no va a valer casi nada. Todo porque a unos señores allá en la Ciudad de México se les ocurrió inventar las mentadas cuentas individuales en 2007 y colgarle a su pensión el freno de las UMA. Uno voltea a ver lo que prometieron los políticos en la tele cuando querían el voto, y la realidad le da un bofetón: no cumplieron. El dinero no alcanza para una vejez digna, y el pretexto de siempre es que «el presupuesto no da».


Eso mismo platicábamos el otro día en una fondita cerca de la carretera. Ahí estaba sentado don Jacinto, un chofer transportista de esos que manejan las cajas grandes de los tráileres. Tenía los ojos rojos del cansancio y del susto. «Mire, Don Juanito», me decía arrastrando las palabras, «ya no se puede manejar en este país. Uno sale de la zona de carga y no sabe si va a regresar vivo con su familia. Te asaltan, te quitan el camión, te golpean en plena luz del día y las patrullas ni se asoman. Nos prometieron seguridad, pero nos dejaron solos en el asfalto».


Y al fondo de la mesa, escuchando en silencio, estaba doña María. Ella no lleva gises ni maneja volantes. Ella lleva en el pecho la foto de su hijo que no ha regresado a casa desde hace tres años. Doña María es una de las tantas madres buscadoras que andan con la pala y el pico bajo el sol, haciendo el trabajo que a los licenciados de las fiscalías les da flojera o miedo hacer. «A nosotras nos cerraron las puertas de los palacios», dijo con una voz que calaba los huesos. «Nos prometieron apoyo en la campaña, pero hoy nos quitan los recursos y nos toca rascar la tierra con las uñas y con el miedo de que nos metan un balazo por buscar a nuestros hijos».


Escuchándolos a los tres, me cayó el veinte de una cosa bien clara: el maestro, el chofer y la madre sufren por culpa de los mismos intermediarios. Esos partidos políticos de toda la vida que vienen, te abrazan, te usan para llenar sus mítines, te sacan el voto y luego se encierran en sus oficinas a repartirse el dinero.


Pero la gente ya abrió los ojos. Como decía el viejo dicho: solo el pueblo puede salvar al pueblo. Y esta vez la solución no es ir a marchar al Zócalo para que nos den una mesa de diálogo que no resuelve nada. ¡No, señor! La cosa es más directa. El dinero del país, ese famoso presupuesto que tanto nos niegan, no lo maneja el Presidente solo; lo autorizan y lo reparten los diputados federales allá en San Lázaro.


Por eso, la idea ya se está sembrando de boca en boca, desde las asambleas de la CNTE en Oaxaca hasta los paraderos de camiones y los colectivos de búsqueda. Ya no vamos a votar por los políticos de siempre para que ellos decidan por nosotros. Ahora viene el PAMA: el Partido de Agraviados y Maestros.


La lógica es sencillita y todo el mundo la entiende porque viene de nuestras comunidades: si queremos que las cosas cambien, el pueblo tiene que meterse directo a la Cámara de Diputados y al Senado. Sin intermediarios. Que el maestro ocupe la curul para borrar las UMA y firmar su pensión justa; que el transportista sea diputado para mandar a la Guardia Nacional a cuidar los caminos; y que la madre buscadora tenga el poder para etiquetar todo el dinero necesario para encontrar a los desaparecidos.


Las resistencias de los de arriba siempre van a estar, pero cuando la fuerza del pueblo se junta, no hay muro que la detenga. La semilla ya está en la tierra y va a florecer desde abajo, con la asamblea y la palabra de honor. Es la hora de los agraviados.


Firmado:
Don Juanito
Sin intermediarios, el presupuesto es del pueblo: ¡Justicia, Paz y Dignidad!