LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
El Gran Baile de los Ladrillos Vacíos
Por: Don Juanito
Pachuca de Soto, Hidalgo; 6 de julio de 2026.
Imagínese usted, estimado vecino, que su casa ya no da abasto: los techos gotean, la cocina está hasta el tope y la familia sigue creciendo. Cualquiera con dos dedos de frente pensaría que lo urgente es arreglar la cocina y comprar una mesa más grande. Pero no. En el ISSSTE decidieron que la solución era gastarse los ahorros en construir una bonita sala de estar en el otro extremo de la ciudad, muy pintada y reluciente, pero sin estufa, sin camas y sin platos para servir la comida.
Eso es exactamente lo que nos acaban de recetar con la nueva clínica allá por el Juan C. Doria.
El otro día me di una vuelta por el rumbo. El edificio se ve imponente, no se los voy a negar. Huele a pintura fresca, las ventanas brillan y las autoridades se tomaron la foto con una sonrisa de oreja a oreja presumiendo que ya inauguraron. Nos dicen que esto es parte de un paquete de 241 obras en todo el país. Al oír el número, la gente aplaude, pero los que ya pintamos canas sabemos que cuando el río suena, agua lleva; y en este río lo que flota son puros contratos para las constructoras.
La trampa de la lógica es tan clara que hasta un niño la entiende: abrieron una clínica que es pura consulta. ¿Qué pasa entonces? Que ahora atienden a más gente y más rápido, sí, pero en cuanto el doctor le dice al paciente: “Oiga, usted necesita una operación urgente”, se acaba el encanto. Como en la clínica nueva no hay ni una sola cama para quedarse a dormir ni un quirófano para operar, al enfermo lo suben a la ambulancia y lo mandan de regreso al hospital viejo, al Columba Rivera.
Al final, es el juego de la bolita: movieron la fila de la consulta externa para el Juan C. Doria, pero el embudo de las operaciones y las urgencias en el hospital viejo está más apretado y colapsado que nunca. Se gastaron millones en levantar muros nuevos, cuando el personal que contrataron bien pudo haber atendido en la infraestructura que ya teníamos si se hubiera organizado mejor el gasto.
Dicen las promesas que para finales de este año van a poner las primeras camas. Pero con el gobierno federal endeudado hasta el cuello con más de un billón de pesos, uno ya no sabe si esos recursos van a llegar o si nos van a dejar el cascarón de adorno.
Por eso les digo, mis amigos, que a veces el remedio sale más caro que la enfermedad. Nos venden espejitos de concreto para la foto de la tele, mientras el derechohabiente sigue sufriendo el mismo calvario de siempre cuando las cosas se ponen graves. Ojalá me equivoque, pero mucho me temo que si no meten médicos de verdad, medicinas completas y camas operativas, este gran gasto no habrá servido para maldita la cosa. Nos leemos en la próxima.
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