EL REGIO ILUSTRADO
Sección: Crónica Urbana
Columna: Las Crónicas de Don Juanito
Fecha: 4 de junio de 2026
¿Ingeniería de Primera o Parches de Por Vida? El Sentir de la Calle
Por: Don Juanito
¡Qué tal, mis estimados! Hoy me salí a caminar temprano con mi libreta bajo el brazo, esquivando los botes de agua y las desviaciones de tráfico que ya se volvieron parte del paisaje en nuestra querida Sultana. Platicando con los vecinos en la parada del camión, uno se da cuenta de que la gente no ocupa ser ingeniera titulada para tener puro sentido común. La raza está preocupada, y con justa razón.
Me decía Don Pepe, un albañil retirado que sabe de mezclas y cemento como nadie: «Mire, Juanito, el concreto es celoso. Si usted lo echa a la carrera para que el jefe se tome la foto antes de tiempo, el material se resiente. Quedan burbujas de aire adentro, se hace poroso como pan dulce y pierde fuerza». Y no le falta verdad. Cualquiera que pase por la avenida Madero o Constitución puede ver esas columnas del nuevo Monorriel. Las dudas de la gente están ahí, flotando en el aire tanto como los mismos trenes que ahora andan probando bien despacito en las curvas de Miguel Alemán. ¿Será que van lento por precaución normal o porque el cálculo quedó un poquito ajustado? Uno nomás se pregunta.
Es que el regio ya está curado de espanto, mis amigos. No se nos olvida aquel diciembre de 2022 cuando de la noche a la mañana nos cerraron seis estaciones de la Línea 2 del Metro. Nos dijeron que los capiteles estaban agrietados desde que se construyeron hace años porque les faltó acero. ¿Y cuál fue la solución? Encamisarlos con fierro y meterles resina. O sea, parches. Y como dice la raza en el barrio: un remiendo nunca va a pegar igual que la pieza original de fábrica. Con la vibración de los trenes todos los días, esos parches van a ocupar que los estén cuidando y gastando dinero público para toda la vida.
Y si uno levanta la mirada y lee lo que pasa en el resto del país, parece que la prisa es la misma enfermedad en todos lados. Los muchachos más jóvenes me enseñaban en sus celulares las noticias de la Presa Libertad, donde la propia Conagua documentó cientos de fisuras en la cortina de concreto antes de que pudiera jalar bien. O los videos del Tramo 5 del Tren Maya, donde andan poniendo puntales de metal de emergencia en las columnas porque el suelo de los cenotes se mueve y el acero de abajo ya se anda oxidando con el agua.
Lo más peligroso, comentábamos con los vecinos mientras se tomaban un café, es lo que se oye de la Refinería de Dos Bocas allá en Tabasco. Una cosa es que el tren vaya lento, pero en una refinería la presión y el gas no perdonan las soldaduras hechas al vapor. Y lo peor es que ahí la gente vive pegadita a las bardas del complejo, no como en esa refinería de Deer Park que compraron en Texas, donde los gringos por ley dejan terreno y vigilancia solo para amortiguar cualquier susto.
La conclusión de la plática de hoy en la esquina fue una sola: la física no sabe de partidos políticos ni de campañas. Si las cosas se hacen rápido y sin que venga un experto internacional e independiente a revisarlas y darles el visto bueno, el riesgo lo termina cargando el ciudadano común. Ojalá las autoridades escuchen el sentir de la calle, porque construir cosas que van a necesitar parches eternos no es modernidad; es dejarle una deuda y un peligro a nuestros hijos.
Ahí se los dejo para el café. ¡Nos leemos en la próxima, raza!
Don Juanito