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De compras con el agua al cuello: El manual del paisano prevenido

EL DIARIO DE LA CAPITAL
Sección: Crónica Urbana / Las Crónicas de Don Juanito
Fecha: Sábado 4 de julio de 2026
De compras con el agua al cuello: El manual del paisano prevenido
Por: Don Juanito


¡Qué tal, mis estimados! Viendo que el cielo ya se anda poniendo de ese color gris que a todos nos da mala espina, me calcé mis botas de hule y me fui de volada al mercado y a la tlapalería de la esquina. Porque miren, mañana contra los ingleses el asunto estará color de hormiga, pero contra Tláloc la cosa es de vida o muerte para nuestros zaguanes. Aquí les dejo la crónica de lo que afilé en mi carrito para que no nos agarren tragando camote cuando el drenaje empiece a escupir.


Primero me pasé con Don Chon, el de la tlapalería, y le pedí mis buenos cuatro costales de arena. «Esos van directito a la entrada, Don Juanito, bien formaditos como defensa del América para que no pase ni una gota», me dijo el buen hombre mientras me despachaba un rollo de plástico grueso y una cinta de ducto (de esa gris que todo lo pega). Con eso voy a armar un dique en la puerta que ni el mismísimo río de Tlalpan va a poder brincar. Y por si las dudas, me llevé unos tapones de hule para las coladeras del baño; no vaya a ser que el drenaje se sature y nos quiera salir la sorpresa por donde menos queremos.


Luego corrí al súper a surtir el búnker para el apagón que seguro se viene con los rayos de la noche. Agarré un paquete de pilas alcalinas, una linterna LED que alumbra como faro de puerto y mis buenas velas con cerillos. Eso sí, los cerillos bien guardados en su bolsa Ziploc, porque cerillo mojado no le prende ni a la de tres. Mi batería externa del celular ya la tengo bien conectada a la corriente hoy mismo; mañana no quiero quedarme incomunicado ni sin ver los memes de la corretiza que nos van a dar.


Para cerrar con broche de oro, pasé al pasillo de la comida. Nada de andar inventando platillos ejecutivos: me surtí de latas de atún, frijoles refritos y galletas saladas. Si se nos va la luz o el gas por la tormenta, con la pura lata y un abridor la libramos bien sabroso sin arriesgar al pobre repartidor de moto a que se lo lleve la corriente. Mi garrafón de agua extra ya está en la cocina, por lo que pueda pasar.


Así que ya lo saben, mis paisanos. No dejen para mañana lo que pueden tapar hoy. Vayan por sus chacharas de emergencia, atrinchérense en la sala y que ruede el balón… ¡pero que el agua se quede afuera!

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