LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
Fecha: 5 de julio de 2026
El griterío de la pantalla y el silencio del bolsillo
El otro día me asomé al teléfono de mi nieto, el más chico, y me mareé de puro ver. En la pantalla salía un señor de saco y corbata que manoteaba con fuerza. Le decía de todo a la presidenta y a medio mundo. Gritaba que todos eran unos mentirosos y unos flojos. Mi nieto estaba picadísimo, moviendo el dedo para ver el siguiente video, donde otra señora, ahora del otro bando, respondía con peores insultos y unas palabrotas que en mis tiempos nos hubieran costado un buen lavado de boca con jabón de pasta.
—Oye, chamaco —le pregunté—, ¿y todo eso que dicen esos señores es de a de veras? ¿Dónde están los papeles que lo prueban?
El muchacho nomás se me quedó viendo como si yo hablara en chino. «Ay, abuelo, pues quién sabe, pero mira cuántos comentarios tiene y cuánta gente lo está viendo en vivo», me contestó, muy campante, antes de seguirle al vicio del celular.
Ahí me cayó el veinte de cómo cambian las cosas. Antes, uno compraba el periódico para enterarse de los hechos: que si subió el precio del jitomate, que si pavimentaron la avenida o si atraparon al pillo que se robaba las vacas. Había que leer con cuidado. Hoy ya nadie quiere batallar buscando la verdad. Es más fácil y más sabroso prender la tele o el internet y escuchar a alguien que hable feo del vecino que nos cae mal. Nos gusta que nos den la razón, aunque no la tengamos, porque el coraje da calorcito en el pecho.
Pero lo más triste es que ese griterío ya no es por amor a la patria, sino por amor a la plata. Esos canales de internet viven de que la gente se enoje. Entre más sombrerazos y mitotes armen, más vistas tienen, y más monedas les caen de la gente que se emociona y les coopera para «la causa». Mientras tanto, las noticias verdaderas, esas que investigan los reporteros que sí gastan suela y revisan las cuentas del gobierno para ver a dónde se van nuestros impuestos, esas ya nadie las lee porque quitan mucho tiempo y no traen chisme.
Nos estamos quedando conformes con puro cuento y pura burla. Nos conformamos con saber quién insultó a quién en la mañana, pero no sabemos por qué no hay medicinas en la clínica o por qué la luz llegó más cara este mes. Al paso que vamos, los que dicen la verdad se van a quedar hablando solos en una esquina, mientras el resto del pueblo se queda viendo el espectáculo de los gritos en la pantalla. Y lo malo es que, cuando el río suena y nos arrastra, de nada va a servir haber tenido el video con más «me gusta» del internet.
Don Juanito