EL DIARIO DE NUEVO LEÓN
La voz de nuestra gente
Martes, 25 de agosto de 2026
LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
De Pescorea a la India: Cuando el código no habla español
Por: Don Juanito
Ayer por la tarde me senté a tomar un café con mi compadre la Chole allá por Apodaca. Estábamos viendo el hormiguero de camiones de personal que entran y salen de las zonas industriales de Pesquería. Su nieto, el Kevin, acaba de salir de una carrera técnica y andaba todo agüitado. El muchacho es bien entrón, de esos que le buscan y le rascan, pero me decía con los ojos caídos: «Oiga, Don Juanito, es que fui a pedir jale de supervisor en una de las plantas nuevas y la entrevista me la hicieron en inglés por computadora. Me pusieron unos problemas de lógica y de números que en mi vida vi en la escuela pública. Al final, el puesto se lo quedó un muchacho que trajeron directo de la India».
Y es que ahí está el detalle, raza. Nos pasamos los días oyendo en las noticias esa palabreja de moda, el nearshoring, que no es otra cosa más que las fábricas extranjeras mudándose para acá para estar cerquita de Estados Unidos. Nos dicen que van a llover empleos y que ya la hicimos. Pero lo que no nos dicen las letras chiquitas del contrato es que esas fábricas no vienen a buscar quién les barra el patio; vienen buscando mentes filosas que le entiendan a las computadoras, a los robots y a las matemáticas pesadas.
Mientras aquí andamos batallando porque en las escuelas les quitaron horas a las matemáticas y los muchachos salen de la secundaria sin saber calcular bien el cambio de la tiendita o sin entender lo que leen en un libro, al otro lado del mundo hay un monstruo llamado Gujarat. Es un estado de la India que tiene más de 74 millones de personas —imagínense, casi la mitad de todo México metida en un cachito de tierra—. Allá los morros no andan perdiendo el tiempo; desde chiquitos les meten los números a chaleco y les enseñan inglés como si fuera su propia lengua.
¿Qué pasa entonces? Que un programador allá en la India cobra bien barato para los gringos, pero vive como rey en su pueblo porque allá la vida cuesta tres cacahuates. Son rápidos, son finos con los números y se quedan con todo el trabajo del software mundial desde su computadora.
Cuando esas empresas grandes llegan a Nuevo León, se topan con una pared. Por un lado, ven los laboratorios futuristas del Tec de Monterrey, pero de ahí sale pura raza de dinero que ya tiene el futuro asegurado en las torres oficinas de San Pedro. Por el otro lado, ven a nuestra raza de las colonias populares, que tiene todas las ganas del mundo y un «hambre de hacer» idéntica a la de los cubanos que salen de su isla buscando progreso, pero que vienen con los brazos amarrados por culpa de una educación pública que los dejó abandonados, sin saber usar las matemáticas como herramientas para defenderse en la vida.
Como las empresas no pueden parar la producción, ¿qué hacen? Pues agarran un avión y se traen a sus propios ingenieros desde Corea, desde China o desde la mismísima India. Por eso a Pesquería ya le dicen «Pescorea». Uno va a las plazas o a los supers de por allá y ya se ve a las familias coreanas o indias comprando, viviendo en sus propias colonias privadas y ganando los sueldos buenos en dólares, mientras que a nuestra gente le toca el trabajo pesado de la línea de ensamble, el sudor de la jornada y los sueldos en pesos que apenas alcanzan para la quincena.
Es una lástima, de veras. El talento lo tenemos en la sangre, pero si el gobierno sigue jugando a que las matemáticas no importan y que la escuela es para hacer política en lugar de enseñar ciencia, nos vamos a quedar como espectadores de la riqueza ajena. Nos vamos a quedar siendo los obreros de la maquila, viendo cómo los de afuera programan el futuro de nuestro propio estado. Hay que ponerse las pilas y exigir que a los niños se les enseñe a pensar con lógica, porque el futuro no perdona, y el código de las computadoras no habla español.
#lcddj