LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
4 septiembre 2026
Por: Don Juanito
Donde el grande cena y al chico le cobran los platos rotos
Pásele, siéntese y tómese un café conmigo, marchante, porque lo que le voy a contar hoy no sale en los discursos bonitos, pero se siente clarito en la realidad de la calle. Vamos a platicar de cómo dicen los que saben que está la movida con la justicia en este país, pero hablado en cristiano, para que nos entendamos usted y yo.
Resulta que hace unos años se armó un soberbio lío de dinero en esa dependencia que se llamaba Segalmex. Las auditorías oficiales dicen que hay bajo la lupa cerca de 25 mil millones de pesos. ¿Y sabe cómo dicen las denuncias que le hacían? Que unas financieras privadas les prometían a las oficinas de gobierno ganancias de fantasía, y según los testimonios de las carpetas, se repartían comisiones en efectivo a los operadores para que soltaran el dinero, dejando luego las cuentas vacías.
Cualquiera pensaría que con semejante desfalco el director general, el señor Ignacio Ovalle, iba a terminar enfrentando un juicio. ¡Pues no, hombre! Los reportes de la prensa y las declaraciones de Palacio explicaron que el señor no tenía la culpa porque sus subordinados lo habían «engañado». O sea, el jefe firma los permisos, pero legalmente se determinó que actuó sin mala intención. Al final, los que terminaron tras las rejas fueron los secretarios de abajo, y al director lo reubicaron en otra oficina de gobierno.
¿Y qué pasó con los grandes bancos que andaban de intermediarios? Ah, pues la Secretaría de Hacienda les exigió que devolvieran los 900 millones que se habían invertido de forma irregular. Los bancos, para evitar broncas con sus licencias, pagaron el dinero, arreglaron sus papeles con terrenos de los deudores, y hoy siguen trabajando normalmente. Lo delicado, según denuncian los afectados en el video, es que esos mismos grupos empresariales siguen operando e ideando nuevos esquemas para convencer a la gente de meter su dinero con promesas de ganar el 3% diario. ¡Imagínese! Y las alertas de la autoridad apenas van empezando.
Ahí es donde entra el descontento de la gente, marchante. Porque los analistas políticos señalan que la Presidencia aplica una doble vara: cuando se acusa a un opositor se exige todo el peso de la ley, pero cuando los señalamientos tocan a personas cercanas al partido o a senadores de su bancada, salen en la mañanera a decir que las quejas son «falsas» o «extorsiones», lo que para muchos equivale a darles el perdón antes de que el juez dicte sentencia.
Y para colmo de males, con la Reforma Judicial de este año, ahora los jueces se eligen por voto. Pero usted sabe cómo corre el agua: esos jueces llegan ahí propuestos por el partido en el poder. Si un jubilado va a quejarse de que le mocharon su pensión de forma retroactiva, el juez la piensa dos veces para ayudarlo. ¿Por qué? Porque si el juez contradice los ahorros del gobierno, la nueva oficina de disciplina lo puede acusar de ir contra el «interés público» y lo corren. Así que la justicia se vuelve muy lenta para el ciudadano común.
Por eso en el extranjero andan diciendo que en México las leyes no son parejas. Y la verdad es que, viendo los hechos, la gente que tiene recursos prefiere ir a poner sus quejas a los tribunales internacionales de derechos humanos, porque aquí adentro los procesos parecen estar amarrados de antemano.
Así están las cosas, mi estimado. El dinero se mueve, las cúpulas se protegen con acuerdos, los bancos siguen cobrando y al ciudadano de a pie le toca la peor parte. Dios nos agarre confesados.
#lcddj