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El baile del cangrejo en la plaza pública

EL MONITOR NACIONAL
Sección: Crónica Local / Las Crónicas de Don Juanito
Fecha: 21 de junio de 2026


El baile del cangrejo en la plaza pública

Por: Don Juanito

¡Qué calorón está haciendo este domingo en la plaza! Pero ni el solazo frena el chisme ni la plática buena. Hoy me senté en la banca de siempre con Don Chencho y Doña Lupe. Estábamos viendo a un grupo de niños jugar con unos cangrejitos de plástico que compraron en el mercado. Uno de los niños se reía porque el bicho caminaba de lado y para atrás. «¡Mira, abuelo, camina al revés porque tiene miedo!», gritó el huerco.

Ahí fue donde Don Chencho, que se las sabe de todas todas, soltó una frase que me dejó pensando: «No, mijo, el cangrejo no camina para atrás por miedo. Camina así para no perder de vista su nido y cuidar que nadie le quite lo suyo. Así contempla su inmortalidad».

Nos quedamos callados un rato, saboreando las palabras, hasta que Doña Lupe soltó la verdad limpia y llana: «¡Válgame Dios, Chencho! Pos igualito que los de allá arriba, los que nos gobiernan».

Y miren que tiene toda la boca llena de razón. Si uno platica con la gente en la calle, en el mercado o en la ruta, todos sentimos lo mismo. Ya ven cómo están las cosas ahorita en este 2026. Los que mandan en el país —los que empezaron con la gestión pasada y siguen ahorita con el relevo— traen exactamente esa misma lógica del cangrejo.

No es que sean tontos ni que tengan miedo. Es que traen un plan bien calculado. El cangrejo tiene un caparazón bien duro y todo su cuerpo está apretado en una sola pieza. Así están haciendo con el gobierno: quieren centralizar todo, meter todo el poder en una sola caja. ¿Para qué? Para que todo dependa de ellos y de su partido. Quieren que el partido sea eterno, que dure para siempre, como si fuera inmortal.

Por eso andan con tanta prisa quitando todo lo que les estorba. Ya ven que quieren desaparecer los organismos independientes, esos que servían para revisar en qué se gastaba el dinero, y andan cambiando las reglas de los jueces. Eso no es por casualidad. El cangrejo tiene unas pinzas grandotas y camina de lado; cualquier piedra o contrapeso que encuentre en el camino le estorba para moverse a su antojo. Así que, en lugar de rodear la piedra, mejor la quitan del mapa para que nadie les ponga un freno.

«Lo malo», me decía Doña Lupe mientras se echaba aire con un cartón, «es que si ellos caminan para atrás cuidando su nido, a todos nosotros nos llevan de corbata marchando en reversa. Y el problema de caminar de espaldas es que no ves el bache que tienes enfrente hasta que ya te caíste».

Así las cosas, mis estimados lectores. Mientras el poder absoluto juega a volverse eterno y a borrar los frenos que los controlaban, el pueblo llano sigue estirando el gasto y capeando la realidad. A ver si de tanto caminar como el cangrejo, no acabamos todos metidos en la misma cubeta.

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