LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
Ganamos… pero ¡ay, Virgencita, qué manera de sufrir!
Por: Don Juanito
Viernes, 19 de junio de 2026
¡Qué milagro, mis buenos amigos! Pásenle y acomódense, que hoy tenemos que platicar muy seriamente de lo que pasó anoche en el Estadio Guadalajara. Si ustedes nomás vieron el resultado en la tele o leyeron el periódico en la mañana, seguro andan bien contentos gritando que ya ganamos, que somos líderes del grupo y que este Mundial de 48 equipos ya es nuestro. Pero la verdad, viéndolo con los ojos de un viejo que ha visto rodar muchos balones, les digo de corazón: ganamos, sí, pero con el Jesús en la boca y de puro milagro.
El partido empezó y casi se me sale el corazón del susto. No iban ni diez minutos cuando los coreanos nos agarraron dormidos atrás; su capitán, ese que juega en Europa, quedó solito frente a la portería. Si no es porque Edson Álvarez se barrió como un verdadero héroe sobre la línea, nos clavan el primero desde el vestidor y ahí sí, ¡adiós fiesta! La gente en la tribuna cantaba y apoyaba con todo, pero en la cancha nuestro equipo nomás no daba tres pases seguidos.
Luego vino el segundo tiempo y cayó el bendito gol de Luis Romo. Pero miren, no nos hagamos ilusiones falsas. Ese gol no fue una jugada de esas bonitas que te dan ganas de enmarcar. ¡Qué esperanza! Fue un regalo grandote, con moño y todo, del portero de Corea. El pobre muchacho salió a destiempo, chocó con su propio defensa y soltó la pelota. A Romo nomás le quedó empujarla con la portería sola. ¡Un poema al error ajeno! Cualquiera hubiera pensado que con el 1-0 México iba a ir por más, pero al revés: el equipo se apagó por completo, echó el camión para atrás y le regaló la pelota a los coreanos. Al final, si no es por las dos atajadas milagrosas de nuestro portero Raúl Rangel en el último minuto, hoy estaríamos llorando un empate con sabor a derrota.
Lo mismo nos pasó en el primer partido contra Sudáfrica en el Azteca. Nos quisieron vender un 2-0 histórico, pero la realidad es que ellos jugaron con dos hombres menos casi todo el segundo tiempo y se ahogaron con la altura de la ciudad. Nos quieren hacer creer que vamos «muy bien», con discursos bonitos que se parecen mucho a los que dice la presidenta Claudia en la televisión, pero cuando uno ve la realidad en la cancha, se da cuenta de que la cosa está sostenida con alfileres. Este nuevo Mundial tiene tantos equipos que la primera fase parece un torneo de feria, pero la verdadera prueba vendrá después. Si seguimos jugando así de flojos, en cuanto nos toque un rival de a de veras, como esos ingleses que ya nos traen ganas, la realidad nos va a dar un golpe seco y nos va a regresar a nuestra triste realidad de siempre. ¡A rezar se ha dicho, muchachos!