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El día que se nos aguó la fiesta (y el celular)

EL CHISME DE LA TARDE
Sección: Crónica Urbana y Callejera
Fecha: 5 de julio de 2026
LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
El día que se nos aguó la fiesta (y el celular)
Por: Don Juanito


¡Qué tal, mis queridos marchantes y vecinos del barrio! ¿Cómo les pinta el domingo? Yo aquí sigo, sentado en mi mecedora de mimbre en el porche de la casa, viendo cómo el cielo se está poniendo color panza de burro. Y miren que no es por asustarlos, pero de verdad parece que va a llover.


Al ver esas nubes negras, de inmediato me acordé de mi abuelo, que en paz descanse. El viejo se ponía a silbar esa rola viejísima que cantaba el gran Pedro Infante en las películas de motociclistas: “Parece que va a llover, el cielo se está nublando… ¡ay, mamá, me estoy mojando!”. En aquellos tiempos, la gente se tomaba las cosas con más sabor. Si te agarraba el aguacero en la calle porque habías olvidado el paraguas en el camión, ¡pues ni modo! Te echabas a correr, te refugiabas debajo del techo de una tienda, platicabas con el desconocido de al lado y hasta te reías del patrón que traías en los zapatos.


Pero válgame Dios, ¡cómo han cambiado las cosas hoy en pleno 5 de julio de 2026!


Hace un ratito pasó corriendo el hijo de Doña Cuquita, un muchacho de unos veintidós años. Empezaron a caer tres gotas locas de esas que apenas levantan el polvo, y el muchacho traía una cara de susto que ni les cuento. ¿Creen que le preocupaba enfermarse de la garganta? ¡Para nada! Traía el mentado teléfono celular pegado al pecho, tapándolo con la playera como si fuera un bebé recién nacido. Para los jóvenes de hoy, que les caiga agua encima no es una aventura; es el fin del mundo porque se les echa a perder el aparato donde traen toda su vida, sus videos y su dinero. ¡Qué estrés de juventud!


Platicando el otro día con los muchachos en la esquina, me puse a investigar de dónde salió esa famosa canción del agua. Resulta que la inventó un muchacho llamado Antonio Matas allá por el año 1940. Ese muchacho sí que tenía pantalones. A sus veinticuatro años, cuando las cosas se pusieron feas y violentas en su tierra por rumbos de España, no se quedó a llorar ni a quejarse en una red social. El tipo agarró sus ahorros, cuidó sus centavos en el banco, tomó un barco y se fue solito a empezar desde abajo en La Habana, Cuba, donde nadie lo conocía. ¡Eso es tener coraje! Con puro esfuerzo y tocando un piano eléctrico moderno, se ganó la vida y compuso la canción que hoy todos cantamos.


Hoy veo a los muchachos del barrio y me da un poquito de pena, la verdad. Están metidos en sus pantallas todo el día. Tienen toda la información del mundo a un clic, pero les da pánico salir a buscar la vida de verdad. Si no hay internet, se les acaba el mundo. Si tienen que ir a pedir trabajo en persona, les da amsiedad. Se nos volvieron bien frágiles. Aquella juventud de antes, que no tenía tanta tecnología pero le sobraba valentía, parece una leyenda de esas ciudades que se hundieron en el mar y ya no existen.


Por eso, hoy esa frase de «Parece que va a llover» se oye tan lejana. Ya nadie mira al cielo para adivinar el clima; prefieren revisar la aplicación del teléfono para que una maquinita les diga cuándo sacar el paraguas. Matamos la sorpresa del día a día.


Ya empezó a oler a tierra mojada, mis amigos. Yo por lo pronto voy a meter mis plantas y a tomarme un café bien calientito. A ver si con el agua que va a caer, a nuestra juventud se le quita un poquito lo entumido y recupera algo de ese valor de antes. ¡Córranle, que ahora sí nos vamos a mojar!

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