EL VOCERO DEL PUEBLO
Sección: Historias de la Calle
Domingo, 5 de julio de 2026
LAS CRÓNICAS DE DON JUANITO
Por: Don Juanito
El misterio del «ambiente» que se volvió loco
¿Qué tal, mis amigos? Hoy quiero contarles algo que vi el viernes pasado y que me dejó pensando mucho sobre cómo hablamos y cómo nos confundimos solitos.
Estaba yo sentado en la banca del parque, disfrutando del fresco de la tarde. A unos metros, en la palapa, había un grupo de muchachos celebrando un cumpleaños. Todo era risas, música tranquila y pastel. Un cuadro perfecto. Digamos que ese era el Ambiente Número 1: pura paz y alegría.
De repente, llegó un tipo que claramente andaba de malas. Se metió a la palapa, empezó a gritarle al del cumpleaños por un dinero y, antes de que alguien pudiera calmarlo, tiró las sodas y empujó una mesa. En un abrir y cerrar de ojos, la música se apagó, unos se metieron a pelear y otros corrieron asustados. El pastel terminó en el suelo. Ese caos ya era otra cosa totalmente distinta: el Ambiente Número 2.
Al día siguiente, platicando con la vecina sobre el mitote, me dice muy seria: “Ay, Don Juanito, es que el ambiente se salió de control”.
Yo me quedé callado, pero por dentro pensé: ¿Cómo que el ambiente se salió de control? ¡Si el ambiente no tiene patas para correr ni manos para tirar las mesas!
La verdad de las cosas es muy simple si uno la mira con atención. El primer ambiente, el de la fiesta bonita, se murió en el instante en que ese tipo metió las manos. Y en su lugar, nació un ambiente nuevo lleno de pleito. No es que la fiesta «se volvió loca» solita; fue la acción de una persona de carne y hueso la que destruyó lo que estaba bien y creó el desxadre.
Pero a la gente hoy en día le encanta echarle la culpa a los fantasmas. Es más fácil decir que «las cosas se salieron de control» antes que apuntar con el dedo al verdadero culpable. Nos estamos volviendo bien flojos para pensar. Queremos que el idioma nos dé todo masticadito, como en esa película de WALL-E donde la gente vive flotando en sillas sin mover un solo músculo.
Por ahí escuché en la radio a unos sabios sociólogos diciendo que la gente anda así de confundida porque «hay demasiada información en el internet». ¡Por favor! Eso no tiene nada que ver. En esta vida, cada quien escoge sus batallas y decide a qué ponerle atención. Si usted habla al aventón, es porque quiere, no porque el teléfono celular lo obligue.
Menos mal que no todo el mundo anda dormido. Ayer mismo pasé por el taller de Don Pepe y vi a su nieto, un muchacho de apenas 16 años, bien concentrado soldando unas piezas para un prototipo que está inventando para la escuela. Ese muchacho no está perdiendo el tiempo viendo videos babosos ni hablando con frases hechas. Él, como otros jóvenes que trabajan y crean desde chiquitos, tiene que ver la realidad tal cual es. Si no mide bien el metal, la pieza no dobla. Así de claro.
Esos muchachos son la prueba de que todavía hay gente con los ojos bien abiertos. Serán poquitos, pero son los que de verdad hacen que el mundo camine mientras los demás siguen echándole la culpa al «ambiente».
¡Nos leemos en la próxima crónica, familia!